google42f3ca3d0a624984.html SIETE DIAS CASMA: Volando bajo y con turbulencia

martes, 29 de octubre de 2013

Volando bajo y con turbulencia

Volando bajo y con turbulencia

Este sainete entretenido que el gobierno ha protagonizado con la compra de un nuevo avión presidencial ayuda, más allá de la turbulencia que produjo, a entender varios asuntos interesantes que están ocurriendo en la política peruana.
Para empezar, la constatación del largo trayecto seguido por el pensamiento guía de Ollanta Humala. Por ejemplo, desde que en los primeros meses de su mandato insistía en volver a crear un Aeroperú –infeliz ocurrencia que entonces algunos ministros ayayeros se lo festejaban–, hasta ahora que ya ni comprar avión presidencial quiere.
Eso quedó claro en la comedia que el gobierno puso anteayer en escena. Empezó la aún magullada canciller Eda Rivas señalando que “lo que se debería hacer es autorizar a que se compre un mejor avión para que no haya que hacer tantas paradas”, y le siguió unas horas después el premier Juan Jiménez a la salida del Consejo de Ministros al ratificar que “es una iniciativa de la Ministra que nos parece interesante y la vamos a evaluar técnicamente”.
Pero cuando la ‘evaluación técnica’ ni siquiera había empezado, con la misma urgencia con que, hace unos meses, Nadine Heredia abortó la ‘evaluación’ de la compra de Repsol, el presidente Humala apareció en el canal del Estado señalando que “no es un tema que esté en nuestra agenda, no estamos pensando en una renovación del avión”.
Tremenda jalada de alfombra aún al costo de dejar desairados a su Premier y Canciller, con el fin de adelantarse a algún tuit demoledor que esta vez se le pasó a Alan García.
Lo que ocurre, y acá aparece otra conclusión política de esta compra de avión que ni siquiera llegó a despegar, es que estamos ante un Presidente como Humala que anda volando bajo luego de una feroz caída en su popularidad de casi 60 por ciento a inicios de año, hasta 26 por ciento en el momento actual; y, además, porque su vuelo atraviesa por mucha turbulencia.
Con el avión volando bajo y con turbulencia, estamos ante un Presidente con las correas del asiento bien aseguradas, pues no quiere ni debe ni puede correr el riesgo de abrirse nuevos frentes que lo debiliten aún más frente a la opinión pública, la cual, presumiblemente, debe estar en contra de que la Presidencia de la República tenga un avión como el que se requiere en vez de la combi que ahora debe hacer escalas cada cinco horas.
Y, de paso, para tener un avión con menos malos recuerdos, pues en este ha pasado cada cosa, desde la cocaína que viajaba cuando Alberto Fujimori lo usaba, hasta las parrandas que se armaban con Alejandro Toledo.

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