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domingo, 18 de agosto de 2013

LA CANTIDAD ENORME DE DINERO QUE CUESTA EL SER POBRE* EN CHIMBOTE

Avenida del casco urbano de Chimbote. Imagen tomada de www.chimbotenlinea.com

LA CANTIDAD ENORME DE DINERO QUE CUESTA EL SER POBRE* EN CHIMBOTE

Por César Sánchez**

Publicado: Hace 5 horas
Si yo fuera millonario y viviera en Chimbote, si tuviera mucho dinero o lo suficiente para comprarme una camioneta del año, aunque sea de segunda, o si al menos la gente dijera al verme: mira, es César Sánchez, tiene dinero, como suele decir la gente en Chimbote, sentiría vergüenza si no hiciera nada por cambiar mi ciudad. Si tuviera una camioneta BMW X6 sentiría remordimiento manejar por la avenida Gálvez, llena de basura, caos vehicular y delincuencia. Unas zapatillas Nike Air Max me harían sentir miserable si tuviera que caminar por las veredas de Leoncio Prado, mal hechas, feas y sucias. Si quisiera ver noticias sobre Chimbote y tuviera un televisor Sony Bravia Full LED HD y sintonizara canales “comandos”, sentiría una náusea sartreana, un sinsentido de la razón y la decencia. Si estuviera en una discoteca de Chimbote y pudiera gastarme 450 soles en una botella de whisky pero no hubiese un teatro donde disfrutar de un espectáculo artístico, me sentiría ridículo.
(A propósito, he visto a los más populares de las discotecas, los que saludan como candidatos presidenciales a todo el mundo, al siguiente día deambular como almas en pena sin que nadie siquiera les levante una ceja).
Si les hubiese comprado a mis hijos una laptop MacBook Apple Pro, pero no tuvieran una librería en Chimbote donde comprar una obra literaria, me sentiría un mal padre. Si tuviera un celular iPhone 5 pero recibiera llamadas de extorsionadores todos los días, me sentiría deprimido. Si tuviera el dinero para enviar a mis hijos a estudiar Derecho a la mejor universidad europea pero aquí yo consintiera que los jueces y fiscales se burlen de la ley y que muchas de nuestras autoridades sean las menos preparadas del país, me sentiría desgraciado. Y si yo hubiese hecho mi fortuna a punta de diezmos del 30%, a costa de la explotación de otros chimbotanos y embaucando a mi propia ciudad, me sentiría autoexiliado, incluso viviendo acá. No me permitiría el honor de llamarme “chimbotano”.
Si yo fuera millonario y viviera en Chimbote y no hiciera nada sino subir los vidrios de mi carro o cambiar de canal, si no me comprometiera con el desarrollo sociocultural de mi ciudad o no exigiera que quienes deben hacerlo lo hagan, seguro que sería uno más de los que son tan pobres que solo tienen dinero.
En cambio, si yo no tuviera dinero y fuera una persona muy humilde y viera que mi ciudad vive así como vive ahora, si no hiciera algo para cambiar esa realidad que es mi realidad, sentiría que mi pobreza no solamente me carcome el cuerpo, sino también el espíritu. Si yo fuera pobre y para comer tuviera que recibir las migajas de la corrupción y los favores de la mafia, ya no solo sería pobre, sino que sería además miserable. Si viviera en la pobreza me preguntaría: ¿hasta cuándo me durarán los artefactos, los 20 soles, las promesas? ¿Tendrán mis hijos también que vivir de la caridad, con un kilo de arroz y azúcar? ¿Mi miseria es la que quiero para ellos? ¿No sería mejor que inauguren bibliotecas en lugar de lozas de fulbito en mi barrio? ¿No sería mejor tener trabajo que propinas?
Si yo fuera millonario o pobre en Chimbote, igual hubiese marchado ayer, y me comprometería contra la corrupción, el sicariato, a favor de la paz y del progreso, porque el miedo y el subdesarroyo en el que vivimos a todos nos afecta y nos hace bestias, impidiéndonos disfrutar de la riqueza de nuestra propia ciudad, pues cuesta una cantidad enorme de dinero el ser pobre en Chimbote, seamos millonarios o no.
* César Vallejo.
** César Alberto Sánchez Lucero (Lima, 1985). Escritor, gestor cultural y especialista en Políticas Públicas y Gestión Pública de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
(Tomado de Cola de Lagartija)

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