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sábado, 16 de febrero de 2013

Religión La abdicación de Benedicto XVI se produce en un momento crítico para la iglesia. América Latina es el bastión de Roma y la posibilidad de un Papa que provenga del vecindario suena cada vez más.

Consecuencias de la Renuncia del Papa

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Un alejamiento que ha sido confirmado por razones de vejez. Lo acaban de operar del corazón.
La primera renuncia de un Papa en seis siglos es, también, una noticia de nuestros tiempos. En su sorpresiva declaración escrita en latín, Benedicto XVI aludió a que “por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.
El Papa explicó que, para hacer su trabajo, “es necesario también el vigor del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.
Stanislaw Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II hasta su muerte, recordó que, como todos los demás, su jefe se quedó en la silla de San Pedro hasta el final de sus días porque “de la cruz no se baja”.
Pero también son días en los que el calvario, si es que cabe, puede prolongarse por años y años.
No todo octogenario es Warren Buffet ni Rupert Murdoch.
Los asombrosos avances de la medicina alargan la vida, en muchos casos bastante más allá de la energía física y mental.
Juan Pablo II murió días antes de cumplir 85 años, que es la edad actual del Papa Ratzinger.
Sus quebrantos de salud fueron también interpretados como una cruda coreografía del sufrimiento cristiano.
Pero Benedicto XVI reconoce que “el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe”, no está para un papado a media caña. Los escándalos de sacerdotes pederastas no dejan de sacudir a la Iglesia, desde Los Ángeles hasta Irlanda (ver más).
Es un drama que enfrenta además al conservadurismo imperante en la Iglesia, que señala la homosexualidad como la madre del cordero, con los liberales que cuestionan más bien el celibato sacerdotal.
El denominado caso Vatileaks llegó hasta la puerta del despacho del Papa y terminó con su mayordomo en la cárcel, revelando en el camino millonarios desfalcos en la curia.
Superado el estupor de la renuncia, el vocero vaticano Federico Lombardi ofreció una conferencia de prensa el martes 12.
Confirmó que el pontífice acaba de ser operado del corazón para cambiar las baterías de su marcapasos.
Aseguró que “los cardenales serán autónomos en sus decisiones” para elegir al sucesor. El Papa es la cabeza del Colegio de los Cardenales, pero en esta situación tan peculiar no asistirá al Cónclave.
No cree Lombardi que a partir de su retiro sea llamado “cardenal” y es probable que su título sea el de “obispo emérito de Roma”.
Tampoco se espera que antes de su salida, el 28 de febrero a las 8 de la noche, sea publicada su anunciada encíclica sobre la fe.
“Si luego habrá otra forma en la que Benedicto XVI nos hará partícipes de sus reflexiones sobre la fe, ¡perfecto!”, exclamó.
El último twitter que el Papa publicó antes de su renuncia debe estar siendo descifrado de mil maneras:
“Debemos confiar en el tremendo poder de la piedad de Dios. Somos todos pecadores, pero Su gracia nos transforma y nos hace nuevos”.

Visita Profética


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La visita de Benedicto XVI a la tumba en L’Aquila (Italia) de Celestino V, el 28 de abril del 2009, es vista hoy, en retrospectiva, como un mensaje. Aquella vez, el Papa depositó en la tumba del santo el palio que le fue otorgado durante su entronización. Regresó al año siguiente, brindando una segunda reflexión sobre el Papa a quien veía como un ejemplo. El ermitaño Pietro del Morrone renunció a ser Celestino V el mismo año de su elección, en 1294, aduciendo razones de salud. Pero ni la salida de Celestino V ni la de Benedicto XVI han estado exentas de luchas internas y escándalos internacionales.

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