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viernes, 20 de septiembre de 2013


el maestro raúl garcía zárate, un gran embajador del arte peruano. foto caretas.

La guitarra que sigue siendo

Publicado: Hace 3 horas
Por Maribel De Paz. Caretas (Perú). Escuchar Adiós, pueblo de Ayacucho en la guitarra de Raúl García Zárate es como oír llorar al cielo mismo. Llanto que de momento ha sido silenciado mientras la mano del maestro va recuperando destreza con las cuerdas luego de un accidente sufrido el año pasado. Un mal paso durante una de sus habituales caminatas le generaron una fractura en el brazo izquierdo, debiendo mantenerlo inmovilizado durante meses. Ahora, se recupera progresivamente y gracias a ejercicios diarios de digitación no descarta poder reaparecer en el escenario en algún momento.
Devoto del Señor de los Milagros y de su guitarra Juan Estruch, García Zárate es el maestro que con sus interpretaciones sabe tocar las cuerdas sensibles del alma peruana, hecha de esa fibra tan endiablada como diversa que se pone de manifiesto en el emotivo filme Sigo siendo, de Javier Corcuera, en el que García Zárate comparte escena con otras leyendas de la música peruana como Máximo Damián, Jaime Guardia y Carlos Hayre.
Maestro, va a ser ya un año en trabajo de rehabilitación, y ha dicho usted que no se deprime ni se desespera.
–Para mí la música ha sido una terapia valiosa que me relaja. Nunca tuve aspiraciones económicas ni de figurantismo, y eso es lo que me da tranquilidad. Será por algo, la voluntad de Dios. No me siento desesperado ni preocupado. Ahora estoy en tratamiento de rehabilitación, para ver si logro recuperar la estabilidad de los dedos. Ojalá lo logre, pero los años pesan, y pasan, y quizá por eso hay limitaciones de recuperación inmediata, pero me siento satisfecho de haber promovido la música tradicional de nuestros pueblos andinos.
Pronto serán 70 años de trayectoria artística.
–Empecé cuando tenía 7 años. Practicaba la guitarra a escondidas de mi padre, y cuando entré a la Escuela San Juan Bosco en primaria empecé a tocar como solista y como integrante de un trío y la estudiantina del colegio. Mire, yo inicialmente quise ser médico, pero mi padre murió cuando yo tenía 14 años. Éramos siete hermanos y mi madre no podía educarnos a todos. Entonces, decidí estudiar Derecho, para defender los derechos de mi pueblo. Yo era bien soñador, pues. Vine a Lima a estudiar en San Marcos y paralelamente trabajé en una notaría, porque el notario era mi alumno de guitarra, y con eso pude mantener mis estudios. Luego pasé al Poder Judicial y trabajé ahí como secretario y relator, en el Tribunal de Trabajo, donde llegaban las demandas por despidos intempestivos. Yo pensaba que esa gente sin recursos no podía esperar tanto, entonces preparaba los proyectos de resolución, los llevaba al presidente del tribunal y lo que generalmente se demoraba meses en dos semanas ya estaba listo. La gente se sorprendía porque eso no ocurría nunca en el Poder Judicial.
–¿Cómo conjugar el arte con el trabajo en el Poder Judicial?
–Nunca dejé de practicar, pero el año 78, al volver de un festival de guitarra en París pensé que no iba a poder compartir más el arte con mi profesión. Ya tenía 25 años de servicio, tenía derecho a una pensión, y renuncié. Y comencé a hacer mis giras. Creo que he cumplido con mi labor de difundir y preservar la rica tradición musical de nuestro país, que ha sido acogida por muchos guitarristas peruanos y extranjeros. Con eso me siento satisfecho.
–Anteriormente ha dicho que fue su padre quien le aconsejó dedicarse a la música andina. ¿Qué otros recuerdos imborrables guarda de él?
–Fue él quien me inspiró en la guitarra, él tocaba y cantaba en las reuniones familiares. Cuando mi tío, Federico Ibáñez, le contó que me había descubierto tocando la guitarra en la trastienda, mi padre me llamó después del almuerzo y me dijo: “Dicen que tocas guitarra, a ver, toca algo para mí”. Yo estaba nervioso, lo quise impresionar y le toqué un tango. Me dijo “ahora toca un huayno”. Toqué el huayno y me preguntó con cuál me sentía más seguro. “Con el huayno”, respondí, y me dijo: “porque del huayno conoces sus letras, la melodía, lo has compartido siempre, haz captado exactamente cómo es”. Esto fue una lección valiosísima, y en una semana me compró una guitarra pequeña. Que él me haya estimulado de esta forma fue impresionante para mí. Recuerdo que me dijo: “No te olvides, practica la guitarra sin fines de lucro”. Creo que cada género musical tiene sus características, y hay que respetarlas, pues esa es la mejor manera de cultivar la música tradicional con honestidad.

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