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viernes, 16 de noviembre de 2012

NO a la revocatoria pero…

Empezaré el post por el final. La conclusión de todo lo que vayan a leer a continuación se resume en una frase de mi amix Maribel Toledo: No a la revocatoria, sí al cuestionamiento periodístico. Debería ser tan sencillo como eso, pero, por supuesto, no lo será.
Para tomar una decisión, lo importante es informarse. Sí, otra frase de Perogrullo pero que ya no es tan evidente en estos tiempos de periodismo de slogans y hashtags. Ordenemos prioridades.
Cada vez más cerca. Por Andrés Edery.
1. Una revocatoria inútil
Fernando Tuesta, ex jefe de la ONPE, me pasa este cuadro

Marco Turbio dice que la ley indica que la revocatoria se debe realizar 120 días después de presentadas las firmas. Lo que no dice es que la ley faculta al JNE a acumular todos los procesos de revocatoria del país (porque el Perú no es solo Lima). Esto ha sucedido en los 8 procesos de revocatoria en los últimos 15 años. Como se ve en el recuadro, usualmente ocurre en el segundo semestre de cada año.
Los procesos electorales no solo son costosos (la ONPE ya dijo que sólo la consulta limeña costará 69 millones) sino engorrosos y requieren capacitación del personal, movilización de fuerzas de seguridad, paralización de las actividades, etc. Así que difícilmente el proceso ocurrirá de inmediato y, seguramente, se acumulará con los otros procesos de revocatorias del país (porque el Perú, cof cof, no es solo Lima).
Así que, en el mejor de los escenarios para los revocadores, la consulta ocurriría en junio del 2013. Insisto que incluso ésa es una fecha improbable, porque en los últimos 7 años las revocatorias han ocurrido entre octubre y diciembre. Pero jalemos la pita y digamos que los poderes detrás de Marco Turbio presionan y  la consiguen lo más pronto posible: junio de 2013. ¿Hasta aquí todos van bien?
(ACTUALIZACIÓN: Aunque no lo crean, el JNE acaba de aprobar, mediante resolución 1000-2012, que la consulta de revocatoria en Lima ocurrirá, contra todo antecedente, el 17 de marzo de 2013. Lo consideran una excepción. Otros procesos de revocatoria solicitados antes, tendrán que esperar. La presión del JNE no puede ser más fuerte).
Ahora digamos los jefes de Marco Turbio consiguen lo que quieren y no solo revocan a la tía Susana, sino que se bajan a la tercera parte de los regidores. Sólo entonces se convocaría a nuevas elecciones. Pero esas nuevas elecciones también requieren planificación, no pueden ser inmediatas (porque el JNE no sabe cuáles autoridades serán revocadas y cuáles no, así que sólo puede empezar a organizarse luego de conocidos los resultados). Preparar una elección, me dice Tuesta, toma unos 8 meses. Esto nos llevaría a elegir a nuestro nuevo alcalde o alcaldesa en diciembre de 2013. ¿Todos siguen aquí? Bien, porque no hemos terminado.
Esta nueva autoridad sólo estaría, como máximo, 12 meses en el cargo. ¿Por qué? Porque el 2014 es año de elecciones municipales y regionales regulares. Así que tendríamos que volver a votar por ooootro nuevo alcalde o alcaldesa en octubre de 2014, para que asuma en enero de 2015. Esto ocurre porque el que remplaza a una autoridad revocada solo ocupa su lugar hasta que termina el periodo por el cual fue elegida la revocada.
Con lo que Lima podría llegar a ostentar el récord de cuatro alcaldes o alcaldesas en menos de dos años. Gracias, Marco Turbio.
2. Una revocatoria mafiosa
Cualquier persona con mínimo acceso a la información sabe que los impulsores de la revocatoria recurrieron a firmas falsas, suplantaciones de identidades, financiamiento dudoso (varios audios revelaban al entorno de Castañeda en él) y una serie de artimañas reveladas principalmente por el periodista Daniel Yovera desde Tribuna Abierta. No vale la pena insistir más en eso, por más que los revocatrolls insistan en tapar el sol con un dedo.
Incluso dijeron que habían conseguido un millón de firmas, pero fue mentira. Al final, se les pasó la fecha (no pudieron entrar al proceso de revocatoria de este año) y cuando todo parecía perdido para ellos, entró a tallar este señor:
El contertulio de Montesinos se llama Hugo Sivina y es nada menos que el actual presidente del Jurado Nacional de Elecciones. Él estuvo en contra de las observaciones de la Reniec al último lote de firmas, presentadas extemporáneamente, de Marco Turbio. Cuando Fuerza Social intentó impugnarlo por adelantar opinión, el JNE, al día siguiente, en tiempo récord, admitió la revocatoria. Con la firma de Sivina, además. El mismo JNE que ha fijado una fecha especial, adelantada, para la consulta de revocatoria en Lima.¿
Una revocatoria anunciada por la misma gente de Castañeda apenas se anunció que la gestión Villarán investigaría Comunicore, incluso antes de asumir la alcaldía. Una revocatoria con mucha plata detrás tratando de bajarse una gestión a la que se puede acusar de todo menos de corrupta. Una revocatoria, en resumen, mafiosa.
No hay mucho más que decir. Avalar la revocatoria sería avalar la cochinada desfachatada, conchuda, abierta, la que se caga de risa en tu cara mientras se toma un champancito, hermanito.


3. Una revocatoria dañina
“El problema”, me dice un comentarista, “es que todo se ve con los lentes de la revocatoria”. O estás con la tía, piensan los chicos de la Muni y sus amigos, o estás contra ella. La revocatoria malogra el debate.
El apanado injusto e incesante al que está sometida Susana ha generado la reacción opuesta de autocrítica cero, por parte de los funcionarios, y de paranoia total, por parte de sus defensores (para el buen Carlín, el hecho de que una reportera dijera “la Villarán” ya la transformaba en Aldo Mariátegui). La vergonzosa sesión de ayer del Concejo fue particularmente reveladora de los niveles de intolerancia tanto del oficialismo como de la oposición (la virulencia de los regidores del PPC es notable).

Desalojo. Por Carlín.
Es totalmente comprensible la frustración del susanismo. Ellos saben que su gestión es honesta y que están enfrentando problemas, gigantescos, eternos, que ninguna autoridad limeña se atrevió a enfrentar. Saben que están chocando con fuerzas más grandes que ellos y que están perdiendo. Para ponerlo en simple: saben que son los buenos. Y, por eso, creen que cualquier crítica a ellos sólo puede provenir de la maldad.
Lamentablemente, la política no es así.
Es poco elegante autocitarse, pero esto es lo que escribí hace poco más de dos años, justo antes de que Susana ganara la elección:
Será un reto doble: lidiar con una ciudad caótica, en el apogeo de su crisis de crecimiento, y luchar contra el previsible boicot permanente de la hegemónica derecha conservadora a la que no le conviene que exista su proyecto político (es mucho más fácil ganarle a la izquierda antisistema). Ojalá Villarán sepa separar la paja del trigo y distinga entre la prensa que la va a boicotear porque tiene una agenda detrás y la prensa que criticará su gestión porque eso es lo que hacemos los periodistas.
Hay que decir que, en esto, Susana ha tenido una actitud mucho más saludable que la de sus partidarios y fans. Pero la revocatoria hace que las (recontra) merecidas críticas a la gestión de Susana caigan en saco roto. Lo bueno es que a lo largo de los casi dos años de gestión han demostrado que no se hacen problemas a la hora de corregir rumbos (lo que se ha reflejado en las encuestas).
Pasados el shock y el caos del combo Parada/Revocatoria, es el momento que Villarán y su gente afronten lo que se viene con la cabeza fría. No solo por ellos, no solo por la ciudad, sino por lo que representan: una gestión honesta y democrática. A la que los ciudadanos, periodistas incluidos, seguiremos cuestionando, que eso también es honesto y democrático.

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