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viernes, 10 de agosto de 2012

Benedicto El Convicto
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Pronto Benedicto Jiménez podría terminar preso por ser un difamador reincidente y reo contumaz convicto. Se defiende alegando que es un intocable genio policial. La realidad lo desmiente.
El policía Benedicto Jiménez no es el gran policía que él pregona. CARETAS revela quien es verdaderamente.La historia real: en agosto de 1992 Jiménez había ordenado levantar la vigilancia de la casa que escondía a Abimael en Surquillo.
Convertido en el esbirro difamador de la notoria “Araña Orellana”, investigada como un caso de criminalidad organizada, ahora se duda que Benedicto Jiménez Baca fue alguna vez el gran policía que él pregona. En su egolatría, niega los méritos de otros integrantes del GEIN, y a Ketín Vidal, el director de la Dincote, lo insulta. Pero ahora que se acerca el vigésimo aniversario de la “captura del siglo” hay que contar la historia real. En febrero de 1990 echaron de la Dircote a Jiménez por inepto.
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Fue la indignación del mayor PNP-TP Franco Carrillo de la Dircote lo que en febrero de 1990 condujo a la expulsión del comandante Benedicto Jiménez del área antiterrorista. Hombre de pocas pulgas, Carrillo había percibido que Jiménez, que operaba la unidad Delta 5 (de las 8 que combatían el terrorismo), cultivaba más su ego que sus aciertos.
Ante terceros Carrillo resondró airadamente a Jiménez por su inacción y allí fue que lo despidieron.
El propio Jiménez cuenta en un blog fechado este 7 de marzo con ocasión del 21o aniversario de la creación del GEIN (Grupo Especial de Inteligencia), las circunstancias humillantes de ese episodio:
“Quince días antes de crearse el GEIN a mi me sacan de la Dircote. El tenor de ese trámite fue que no eran necesarios mis servicios”.
Cabizbajo, Jiménez fue a hablar con un superior amigable, el teniente general Fernando Reyes Roca, director de la Policía Técnica, para pedirle que lo asignaran a Piura. “No conocía Piura”, explica.
A Reyes Roca, sin embargo, le vino bien encontrar este cabo suelto y, ubicándolo en una pequeña oficina con solo silla y mesa, lo utilizó como secretario especialista para alistar un proyecto propio: crear un grupo especial unificador de la inteligencia antiterrorista: es decir, el GEIN.
Hasta entonces operaban las unidades ‘Delta’ y la coordinación era deficiente.
Benedicto Jiménez, por supuesto, ahora cuenta que él fue el “creador” del GEIN:
“Hice una lista de pedidos…Solicité a tres oficiales y un subalterno… equipo apoyado por ‘Popeye’, un suboficial de inteligencia de la Marina… Apenas se incorporaron empezamos a cambiar de objetivo…”.
Y listo.
Noche del 12 de septiembre de 1992. Antonio Ketín Vidal, director de la ampliada Dincote, y la presa.
En el curso de una tergiversación que omite mencionar a oficiales de singular experiencia que integraron el GEIN desde el inicio –salvo al general Antonio Ketín Vidal, quien asumió la dirección de la Dircote en 1991– Jiménez se refiere sin querer a la que fue una de sus mayores deficiencias: un juicio defectuoso en cuanto a las oportunidades para actuar. Esta tara postergó golpes importantes a la insurgencia y costó mucha sangre.
En el blog pertinente, Jiménez alude a la ‘Operación Isa’.
Fue el primer caso conocido en que demoró las cosas mientras se regodeaba con referencias a Sun Tzu.
Isa era el seudónimos de Judith Díaz Contreras, senderista capturada en 1985 en circunstancias muy especiales.
Una señora, en el momento de abordar un vuelo a EE.UU., entregó a un policía en el aeropuerto una carta para la Dircote.
Era la madre de unos estudiantes captados por Sendero. Acababan de cumplir condenas y la señora temía que reincidieran.
La carta contenía no solo la identidad de Judith Díaz sino otros seudónimos, teléfonos, claves.
Díaz fue capturada pero después puesta en libertad por “falta de pruebas”.
La decisión, se supone, se orientaba a seguirla y así lograr capturas mayores.
Esto se hace hasta 1987 pero, según el propio Jiménez, él mismo, al tener relación directa con el caso, recorta la vigilancia.
No solo eso.
Recién sacó la carta de la madre de sus archivos personales 3 años después, en 1990.
Así, el 1 de junio de 1990, el GEIN lidera el allanamiento de 30 inmuebles en Lima capturando a 40 elementos del GAP (Grupo de Apoyo) y del DAO (Departamento de Apoyo Organizativo) de Sendero Luminoso.
Entre las casas intervenidas estaba la de la Calle 2 de Monterrico, cerca del Pentagonito, en la que encuentran invalorables rastros recientes del propio Abimael Guzmán.
El ‘presidente Gonzalo’ frecuentaba esa casa y estuvo a punto de caer.
Ese procedimiento exitoso –el primero que golpeaba la cúpula organizativa de Sendero – se llamó la ‘Operación Isa’.
El éxito habría sido mayor si se hubiera llevado a cabo con antelación.

OPORTUNIDADES PERDIDAS

Todas las especulaciones sobre las oportunidades perdidas por Benedicto Jiménez –y, además, sobre sus vinculaciones con Vladimiro Montesinos– quedaron zanjadas en CARETAS en 2008.El periodista Gustavo Gorriti, renombrado colaborador de CARETAS y destacado admirador de Jiménez, publicó una revelación sensacional en las ediciones 2010 y 2011.
El GEIN pudo haber capturado a Abimael Guzmán en diciembre de 1990.
En la noche entre el 3 y 4 de diciembre de ese año, el GEIN abortó la intervención de un inmueble en la calle Buenaventura de Surco.
Apodado el ‘Palomar’ por la Policía, en su interior se encontraban no solo Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre, sino todo el alto mando de Sendero (incluyendo a Feliciano y Artemio, capturados años después).
La orden, según Gorriti, vino del propio presidente Fujimori o, en todo caso, de Montesinos, y en el proceso se destituyó sumariamente al entonces jefe de la Dircote general PNP-PT Enrique Oblitas, que favorecía la intervención.
Gorriti relató cómo el alto mando del GEIN, que incluía a los entonces comandantes Luis Felipe Elías y Félix Murazzo y a los capitanes Carlos Morán y Carlos Carrillo, se había reunido y por mayoría opinaron a favor de entrar.
Pero llegó la orden de cancelar y el propio Montesinos visitó el local del GEIN acompañado de Reyes Roca para felicitar la cautela.
Montesinos dijo, además, que era necesario esperar los cambios militares de enero –y que se formara el Grupo Colina del EP.
La demora tenía otra explicación: el régimen quería mantener la crisis de violencia para justificar el autogolpe de 1992.
Para sorpresa de todos, en su blog Elpacficador2008, Jiménez refutó de inmediato todo lo escrito por Gorriti. No hubo operación abortada ni visita de Montesinos.
En CARETAS de febrero 7 de 2008, Gorriti retrucó citando testigos directos y de alto rango, y demostrando convincentemente que esa operación sí fue cancelada desde arriba a último momento.
“Montesinos llegó vestido de blanco”, recuerda uno de los oficiales presentes.
Además, Gorriti añadió un detalle. En la reunión de alto mando del GEIN de ese 3 de diciembre de 1990 solo Benedicto Jiménez estuvo en contra de intervenir. Marco Miyashiro no opinó.
Algo que Gorriti no llegó a decir: Jiménez mintió y encubre hasta lo que fue una cruenta decisión política de ese régimen.

CASI SUCEDE LO MISMO

Si en 1990 la captura de Guzmán fue abortada con por lo menos el beneplácito de Jiménez, en septiembre de 1992 casi sucede algo parecido.La ubicación de la casa en la calle Los Sauces 459, Surquillo, comenzó el 22 de junio de 1992 con el testimonio de Carlos Arana, ‘Sotil’, quien dirigía la academia César Vallejo, una de las principales fuentes de financiamiento de Sendero.
Bajo custodia, Sotil describió a Maritza Garrido Lecca y a César Incháustegui, y hasta dio el color y la placa de un vehículo.
Los efectivos del GEIN utilizaron un inmueble que quedaba enfrente a la casa y en el que vivía un policía retirado. Le dijeron que se vigilaba a un narco.
Pero en la casa Incháustegui –Garrido Lecca “no pasaba nada”. Solo entraban y salían niñas para tomar clases de baile, sus parientes y amigos de aspecto “miraflorino”.
En la basura, sin embargo, se encontraban rastros convincentes: Tigasón, por ejemplo, medicamento para tratar la psoriasis de Guzmán.
Todo los detalles de esa extraordinaria operación han sido contados muchas veces, exceptuando un detalle:
En las últimas semanas de agosto Benedicto Jiménez ordenó levantar la vigilancia de la casa de Los Sauces.
Cansado de esperar, argumentó que allí no había nadie.
Otro detalle inédito:
Dos tenientes encargados de la vigilancia desobedecieron sus órdenes.
Siguieron observando el inmueble e incluso elaboraron reportes falsos para que Jiménez pensara que estaban en otras tareas.
Finalmente, en septiembre un hombre con rasgos andinos llegó a la casa de Los Sauces.
Esto sí comunicaron a Jiménez quien, sorprendido en más de un sentido, ordenó que lo siguieran.
Los tenientes no solo lo vigilaron sino que lo detuvieron y llevaron al sótano de la Dírcote en la mañana del 12 de septiembre.
Jiménez se enfureció pero los tenientes señalaron que en el alojamiento del detenido en Balconcillo, La Victoria, habían encontrado documentos con anotaciones de Abimael Guzmán en tinta roja (porque el ‘presidente Gonzalo’ la prefería a la verde de Neruda) y un arma automática.
Estas evidencias finalmente empujaron a Jiménez a ordenar el allanamiento y la captura del ‘Cachetón’ de su pareja, acompañantes y anfitriones.
Pero si no hubiera sido por ese par de tenientes….

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